Cuántas veces nos imaginamos lugares fantásticos, mágicos y pensamos que nos encantaría estar allí.

Siempre he creído que lo que deseas con toda tu alma, lo vas a obtener.

No sé si por mi carácter perseverante o por mi horóscopo capricorniano, pero lo que quiero, lo suelo conseguir, no por arte de magia evidentemente sino por insistencia en lograr mi objetivo.

Con esa pequeña introducción que puede darte una pista de lo que quiero contarte.

 

No voy a demorarme más y empiezo mi relato.

Llevo tan solo unos días en casa y añoro Kerala. Yo misma me pregunto como puede ser que un lugar me haya tocado tanto.

Te confieso una cosa. Algunas de las personas que bien me conocen y saben que soy una viajera incansable, siempre me decían: “Cati, tienes que ir a la India” y sinceramente, nunca había sentido que era el momento de viajar a este gran país.

Un buen día, tras una reflexión, decido que es hora de ir a la India, pensando que con toda seguridad podrá ayudar mi enfermedad, de la cuál estoy muy recuperada.

Me sorprendo a mí misma la fuerza que me empuja a esta osadía.

Así que dicho y hecho.

Cuadro mi agenda y cierro mi consulta quince días.

Me voy a Kerala, la cuna del Ayurveda. Sitio recomendado por mi amiga Inma que sabe mucho de ello.

 

 

Fíjate lo claro que tengo mi propósito que en dos días, está todo organizado.

El destino es “Casa Eva Luna Yoga & Ayurveda” donde permaneceré un tiempo desconectada, descansando y recibiendo tratamiento para mi parálisis facial de Bells.

Tras un largo viaje, llego a la ciudad de Trivandrum, y aquí empieza mi gran aventura.

Después de unas horas más de viaje en taxi, sorteando, motos, coches, rickshaw, personas, perros… llego finalmente a mi nueva casa.

¡Madre mía que bonita es! Rosa y malva. Tal y como la había imaginado. Era como las casa de colores que dibujaba cuando era niña. ¡Ay, que no me lo puedo creer!

Tengo la sensación de que ya he estado aquí.

 

Me recibe con una sincera sonrisa, una mujer de mediana edad que se llama Kat, con la cual he tenido un vínculo muy especial y ha sido mi cuidadora durante mi estancia.

Me instalo en una habitación azul. Caigo rendida en la cama viendo girar el ventilador de grandes aspas que me hipnotiza, hasta el punto que entro en un profundo sueño.

Al abrir mis ojos, tomo consciencia que no es un sueño, estoy donde quería estar.

Empieza la adaptación al lugar, todo es color, olor, sabor. Siento que mis sentidos están a flor de piel.

Un descubrimiento muy interesante ha sido la comida hindú, tan llena de sabor y color. La cocina ayurvédica es pura medicina. Cada especia tiene su sentido en el plato. Tengo claro que voy ha realizar un taller de cocina hindú, quiero dar a conocer todo lo que yo he recibido.

 

 

¡Me gusta, me encanta lo que veo! Busco la cara amable de lo que tengo frente de mis ojos. No soy quién para juzgar, solo estoy para disfrutar y sentir.

Cada día me siento más integrada en la casa, mis anfitrionas son perfectas,

Esther es la alegría y Kat el sosiego.

Mi médico Goku y la masajista Anjeline me tienen enamorada.

Siento tanta paz, que pienso seriamente que no me importaría quedarme un largo periodo, pero soy también realista y sé que ahora no es momento.

Tal vez, algún día lo será.

Lo que sé a ciencia cierta que he vivido algo que ha marcado mi vida.

He buscado y he encontrado.

 

 

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